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La inmigración legal a Estados Unidos, siempre ha sido compleja y lo es más a raíz de las medidas de seguridad adoptadas tras los ataques del once de septiembre. El endurecimiento, de las leyes y la ignorancia popular dan pie a confusiones, preguntas y verdaderos mitos urbanos sobre el tema.
Por ejemplo, la mayoría de los extranjeros que viene a Estados Unidos y realiza un trámite inmigratorio, piensa que las gestiones demoran pocos días o unas cuantas semanas. Hay trámites, que pueden parecer sencillos, que demoran meses, y otros más de 10 años, como la espera de una residencia para el hermano de un mexicano naturalizado como ciudadano de Estados Unidos.
Tener una visa estampada, en el pasaporte no garantiza la entrada a Estados Unidos, ni el tiempo de estadía por cada visita. Aún si la visa está vigente, la decisión final de permitir el ingreso al país depende del agente que interrogue al viajero, incluso antes de abordar un vuelo con destino a Estados Unidos.
Ya en territorio estadounidense, se realizan rigurosos chequeos en las ventanillas de inmigración de las fronteras y puertos y aeropuerto y también, ahí se le puede negar el ingreso a un extranjero portador de una visa válida.
Casarse con un ciudadano de Estados Unidos, no significa que el contrayente recibirá de inmediato la residencia permanente. Los cónyuges, extranjeros deben demostrar que el matrimonio es por amor y no por interés para obtener un status legal. La residencia, permanente se obtiene después de dos años de probatoria, tras una entrevista en que se debe demostrar la validez de la relación.
El hecho de vivir situaciones "difíciles", en su país de origen no quiere decir que Estados Unidos le concederá asilo de inmediato. Hay cinco causas para ganar una petición de asilo. Para obtenerlo hay que demostrar que existe un miedo de "persecución creíble" por cinco motivos específicos: raza, religión, nacionalidad, pertenecer a un grupo social específico o por opiniones políticas.
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